Primer ejercicio:
¿Para qué los niños, adolescentes y jóvenes van a la escuela?
Esta es una pregunta
que en primera instancia, tiene una respuesta inmediata, claro, de nuestra
parte y como adultos. Podemos responder diciendo que los niños van a la escuela
porque deben
o necesitan aprender ¿Aprender qué? También podemos responder
diciendo que los
niños requieren socializar, interactuar y aprender a convivir entre sus pares y
con los adultos ¿Convivir de qué manera? O porque en la vida de toda persona
requiere de la experiencia de vida y la escuela es una oportunidad
controlada que durante once años le ofrece esa experiencia de vida ¿Qué tipo de
experiencia?
Si le preguntamos a
nuestros estudiantes ¿por qué vas a la escuela? cuál será o serán sus
respuestas. Muchos de nuestros estudiantes no manejan una respuesta elaborada,
sino una respuesta estereotipada como: "venimos a la escuela porque
debemos aprender". Los estudiantes que son adolescentes responden menos
estereotípicamente, diciendo: "no sé por qué vengo a la escuela" o
"voy a la escuela porque me han mandado mis padres" y algunos lo
proyectarán al futuro diciendo "voy a la escuela porque quiero ser un
profesional o porque deseo estudiar en la universidad".
Es muy probable que
ellos, los estudiantes, si tengan una razón clara, válida o no, del por qué van
a la escuela, pero lo que es muy difícil de comprobar, es si esas razones son
las mismas que tenemos nosotros los adultos para convocarlos o para obligarlos
a asistir. Me animaría a afirmar que no son las mismas razones.
Los niños
-un poco menos los jóvenes- llegan con muchas expectativas a la escuela. En
principio, la escolaridad se les presenta como territorio de enormes ilusiones,
que a veces nosotros los docentes nos encargamos de asesinar.
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